Las mujeres propietarias de empresas en nuestra ciudad han planteado a Podemos Granada la realidad de sus negocios, las circunstancias del mercado, y las diferencias que perciben por el hecho de ser empresarias mujeres.

Existen entre 220 y 250 empresas asociadas en toda el área metropolitana, aunque la asociación (creada en 1976) se ha fragmentado mucho, han surgido otras asociaciones, por las subvenciones y por diferencia de sensibilidades. Fragmentación que se ha fomentado desde los partidos políticos, y es algo que no se entiende cuando actualmente se está intentando ser agentes sociales. En la primera línea de la Confederación de Empresarios y en la Cámara de Comercio no están las mujeres: parece que no interesa. Cuando se haga un plan de igualdad en todas esas entidades, tienen que hacerlo las mujeres.

Sus negocios suelen ser pequeños y no varían mucho con el tiempo. Esto les ha dado alguna ventaja: por ejemplo, han soportado mejor la crisis que las empresas más grandes. No solo por ser pequeñas: un estudio de la Federación Andaluza mostró que las mujeres habían gestionado sus negocios como si estuvieran en permanente crisis: sostenibilidad, austeridad, prudencia. Son empresas más pragmáticas, más operativas. Pero también tuvieron que cerrar cuando la crisis se recrudeció. Y en esto las empresas de mujeres son más responsables: al cerrar cumplieron pagos y repartieron por igual.

Sin embargo, hay más inconvenientes que ventajas. En general, no se cuenta con ellas como agentes sociales, y por lo tanto tienen más dificultades para acceder a créditos. Les exigen muchos más requisitos y garantías, y existe menos confianza en su éxito. En los planes de igualdad hay ayudas a la contratación y a la conciliación, pero no al crédito.

Actualmente, las empresas de mujeres están volviendo al sector primario, a lo relacionado con la responsabilidad social y el medio ambiente: algunas de ellas se están reincorporando con ideas nuevas. En el sector de los cuidados las ayudas desaparecieron y, aun así, algunas mujeres optaron por esa vía, aplicando lo que habían aprendido cuando el sector cuidados estaba subvencionado.

Las mujeres tienen claro que hay que crear empresas sostenibles, que den respuestas adecuadas y con un modelo de negocio especializado y profesionalizado. Y todo eso incluyendo la idea de que en un centro de atención a la discapacidad, o en un comedor escolar o en una escuela infantil, no puede primar lo económico, sino que se está prestando un servicio a la comunidad.

La estrategia global pasa por pensar qué modelo de ciudad queremos, sin perder nuestra identidad, sin que nuestra ciudad termine pareciéndose al resto. Comercio de proximidad, valorar los recursos propios, hacer realidad la transferencia de conocimiento desde la UGR, mecenazgo para que el talento no emigre y nos ayude así al desarrollo de la ciudad, infraestructuras, buenas conexiones, y un turismo que pernocte.