LOS BARRIOS DEL NORTE DE GRANADA Y SUS MUJERES

Una reflexión de las secretarías de Feminismos y Participación Social del CCM de Granada a propósito del 8M

El ambiente que se respira en los barrios del norte de Granada guarda relación con largos e históricos procesos de estigmatización, algunos más mediáticos que otros. La zona norte es sinónimo de violencia encubierta, que llega a chavales y chavalas jóvenes, también, pero con la que conviven a diario las mujeres del barrio.
El motor del norte son sus mujeres: en trabajo, en el cuidados de personas mayores, de nenas y nenes, de las familias. Son ellas fundamentalmente quienes llevan adelante la participación barrial. Su trabajo es invisible, y las que trabajan con salario lo hacen en el servicio doméstico, con contrato o sin él, pero con sueldos miserables.
La línea divisoria que separa la ciudad de Granada del barrio Norte es simbólica y real. «Es la zona oscura de Granada». Donde hay exclusión, desahucios, pobreza energética y material, vandalismo y violencia machista, y donde esto no es atendido de manera urgente y prioritaria en lo educativo, sanitario, social y laboral por la institución municipal, las mujeres son las primeras que pierden, porque son ellas quienes sostienen sobre sus espaldas estas condiciones de malvivir. Muchas están convencidas de no tener los mismos derechos que los hombres.
El barrio Norte tiene vida más allá de los conflictos. También es sinónimo de lucha cotidiana. Una ciudad no puede vivir al margen de sus barrios, y los barrios, para serlo, necesitan condiciones, apoyo, recursos, trabajo, mecanismos de inclusión, apertura de miras y de horizontes, reconocimiento, vías de comunicación, infraestructuras, viviendas sociales (abandonadas por la Junta), centros de salud, mantenimiento de los parques, limpieza en las calles, formación para las nuevas generaciones y centros educativos con recursos y energía garantizada; necesitan, en suma, atención y no abandono institucional. La esperanza en ello es para que Juana deje de recoger comida en la basura con la que alimenta a sus hijas e hijos; para que Nati no esté en la calle; para que las nenas y nenes vayan calzados, aseados y felices al colegio, con un futuro digno, y para que los colegios no sean hervideros de exclusión por falta de medios y de apoyo institucional.
Por ellas, por las luchadoras, todos los derechos, todos los días.

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