Las miradas violetas del barrio de Zaidín-Santa Adela, en Granada.

Hoy estamos celebrando una segunda jornada de huelga general feminista 24 horas en todo el estado español.
Las razones han sido sobradamente explicadas por el movimiento feminista:
No hay cuidados sólo con cuidadoras, porque los hombres pueden y deben estar en procesos de atención a las personas y a la comunidad.
No habrá un trabajo digno si es precario, invisible y desigual, donde las mujeres pierden oportunidades, salud y vida personal.
No habrá sostenibilidad en nuestra Tierra si seguimos depredando bosques, ríos y usurpando calidad de vida a quienes la han cuidado y trabajado históricamente: las mujeres.
Seguiremos demandando una educación en igualdad, no sexista, por tanto, no excluyente de colectivos sociales y, sobre todo, humanizadora, solidaria y conformadora de personas críticas y libres.
Detrás de esos principios, que en realidad también son exigencias de los feminismos transnacionales a nuestros estados, gobiernos, instituciones, a los hombres con los que convivimos y a la sociedad en su conjunto, están las realidades, y detrás de esas realidades, las mujeres que las conforman como algo más de su mitad. Desde una mirada local, con el deseo de conocer la ciudad desde dentro, nos acercamos hoy, día de nuestra huelga general, al barrio del Zaidín-Santa Adela, multidimensional, caleidoscópico, complejo, activo, vivo, periferia viva y voz de luchas y dificultades.
El Zaidín, desde sus orígenes a mediados del siglo XX, es un barrio de emigrantes y de inmigrantes, de dificultades económicas, precariedad y solidaridad con las dificultades, que desde su creación ha evolucionado hacia diversas formas de desigualdad. Su misma dimensión es el espejo de realidades muy distintas, y en él se concentran fenómenos como la división de barrios de clase media y obreros, la gentrificación hacia zonas más deprimidas dentro del mismo barrio, el paro, las violencias machistas, las redes de comunicación con el PTS selectivas, sus bibliotecas como orgullo de sus gentes, las vecinas, los comercios de toda la vida y un sinfín de recursos que generan identidad barrial.
El Zaidín y Santa Adela son diversidad con rostros de mujeres, con voz de mujeres. Cuando el destino laboral para los hombres era Madrid, Barcelona, Holanda, Francia o Alemania, las mujeres mantenían a las familias en calles sin asfaltar, en barracones peligrosos o en situaciones paupérrimas. Aquel Zaidín estaba lejos, muy lejos del centro de una ciudad que pensaba Santa Adela o la Cruzada como arrabales donde resituar a quienes habitaban en otras infraviviendas o cuevas del Sacromonte o el Realejo. Esto es memoria que aún está presente.
El Zaidín-Santa Adela, como otros barrios, está marcado por la desigualdad que vive toda la ciudad, pero que aquí parece tener nombre propio: Felisa, Marga, Mercedes, Agustina… Los datos municipales, en su mayoría anticuados, sitúan a las mujeres en los extremos (“es nuestro sino”, tendríamos hoy que advertir): a la cabeza del número de personas sin estudios y, al mismo tiempo, al frente de quienes tienen mayor número de titulaciones superiores.
Los datos sitúan a las mujeres como principales demandantes activas de empleo, al tiempo que son las personas que se enfrentan a sectores laborales fuertemente segregados. Las mujeres en el distrito más poblado de Granada encabezan las tasas de desempleo y precariedad laboral. El Zaidín que viaja al amanecer en el “4” sigue fregando y sirviendo, sigue trabajando en las grandes y pequeñas superficies comerciales, al tiempo que cuando vuelve tiene que cumplir con su doble jornada de trabajo en el ámbito doméstico. Margarita deja con su madre a sus dos chiquillos para ir a trabajar como trabajadora doméstica, una jornada que le exige mucha tarea en poco tiempo, con sueldo no pactado que permanece idéntico en años pese a la subida del IPC.
El Zaidín-Santa Adela que ayer criaba y cuidaba con acentos gitanos y payos, hoy lo hace con aquellos mismos tonos acompañados con sones de África, América o Asía. Siempre el Zaidín multicultural se moviliza con voces de mujer. Santa Adela, la Biblioteca de las Palomas, el ambulatorio, las reivindicaciones sobre equipamientos escolares, el Festival de Rock o el Centro Social de «La Ribera» tienen «portavozas». El verano dice adiós con el pasacalles que las mujeres zaidineras protagonizan al inicio de las fiestas vecinales. Alegría de denuncia, alegría de verdad de vida.
Las mujeres del Zaidín, antes de que existiera la palabreja, ya eran «sororas», ¡vaya si lo eran, y lo son!, pero también voces militantes de referencia del feminismo granadino contemporáneo, o si no que se lo digan a Gloria, querida Gloria…
El Zaidín no necesita lentes de aumento para tener mirada morada sobre la realidad de unos barrios de mujeres inmigrantes y de mujeres emigrantes, de maleta de cartón piedra, de patera y marea granate. Las mujeres en el Zaidín no solo miramos con gafas violetas, somos sororidad y luchas feministas y sociales que se hacen oír.
Granada Podemos Feminismos y Círculo Zaidín.

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