Documento del Consejo de Coordinación para la Asamblea Ciudadana: Podemos y el cambio político en Granada.

Introducción.

El desastre en la gestión del PP de Sebastián Pérez y Torres Hurtado ha dejado a nuestra ciudad llena de hipotecas y de deudas económicas mientras ellos aprovechaban las instituciones para beneficiar a una camarilla de amiguetes que presuntamente devolvían los favores a su partido o directamente a los propios dirigentes locales y provinciales.

La llegada del PSOE a la alcaldía en mayo de 2016 fue interpretada por la mayoría de la población como una oportunidad para que por fin nuestro Ayuntamiento se gestionara de otra manera. En aquel momento el PSOE se negó a llegar a acuerdos concretos para mejorar nuestra ciudad y, como resultado de esa actitud, 18 meses después no hay presupuesto ni tampoco un proyecto claro de ciudad para Granada. A pesar de la insistencia de los grupos de la oposición, el alcalde sigue sin escuchar ni las propuestas que se le hacen en el pleno municipal ni las que llegan desde la sociedad civil granadina. La gente ya está harta de buenas palabras y de palmadas en la espalda mientras no se abordan con valentía las cuestiones clave que necesita Granada y se sigue manteniendo en lo sustancial un proyecto de ciudad que se ha demostrado fracasado y que fomenta la corrupción. Esto denota una falta de eficacia en la gestión municipal y también una falta de capacidad para enfrentarse con contundencia al maltrato institucional de la Junta de Andalucía y el Gobierno Central para con nuestra ciudad.

Frente a esta realidad, la sociedad civil granadina sí que está demostrando una enorme capacidad de defender nuestra ciudad. Las movilizaciones sociales y las alternativas propuestas en casos como el ferrocarril, las salas del TSJA, la Vega, los desahucios, y la fusión hospitalaria entre otros, demuestran que una ciudadanía unida por Granada está tomando el protagonismo frente al maltrato, el agotamiento y la parálisis de los diferentes gobiernos.

Somos conscientes de que estamos ante un nuevo período en que Granada necesita fórmulas innovadoras para construir de forma colaborativa su proyecto de futuro. El pasado mes de diciembre iniciamos el proceso participativo Creamos Granada que nos ha permitido interactuar con cientos de personas de nuestra ciudad, y con decenas de organizaciones sociales. De todas ellas hemos recabado quejas sobre los problemas de Granada y propuestas para mejorarla. A partir de todo este trabajo compartido, devolvemos aquí las ideas que Podemos Granada podrá aportar a la sociedad civil. Como es lógico, no se trata de una propuesta cerrada, sino más bien de un punto de partida para que sea la propia ciudadanía granadina la que tome el protagonismo y aborde la iniciativa de una alternativa municipalista para Granada apoyada por aquellas personas, colectivos o partidos que apuesten por un proyecto esencialmente granadino que permita resolver los grandes problemas de nuestra ciudad, al igual que ha ocurrido con otros municipios de nuestro país como: Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Santiago, o incluso Atarfe aquí más cerca.

¿Cuáles son los principales problemas que sufre Granada?

Introducción:

Hace décadas que los límites de Granada han sobrepasado con creces los del término municipal, y por lo tanto no tiene sentido hablar de la ciudad central sin considerar la periferia y viceversa. Nuestra ciudad sufre graves problemas que comparte con toda el área metropolitana. Esto determina que la escala supramunicipal sea la más indicada para poder abordar estas cuestiones con alguna posibilidad de éxito. Es evidente que la capital debería liderar un proceso de discusión con todos los agentes sociales e institucionales vinculados a nuestro territorio metropolitano para poder asumir los retos de la construcción de la Gran Granada. Sin embargo, hasta el momento los Gobiernos del PP han estado más preocupados del negociete de unos pocos que por los problemas de la mayoría, mientras que los Gobiernos socialistas todavía no saben o no contestan.

 

Analizamos aquí los principales problemas que sufrimos en el ámbito local incluyendo referencias al contexto metropolitano, para posteriormente señalar algunas de las propuestas que hemos ido recopilando en estos casi tres años de tarea.

Salud, desempleo y desigualdad.

Entre las 276 regiones europeas, Andalucía lidera la tasa de desempleo para hombres y mujeres. En la capital granadina hay unas 24.000 personas que buscan trabajo y no lo encuentran, mientras que el total de la provincia supera las 93.000. Evidentemente, este es uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos, si no el principal. La crisis que estalló en 2008 acabó con miles de granadinos y granadinas en las listas del paro o en las listas de la emigración. En nuestro contexto, el desempleo, el empleo de baja calidad, la precariedad laboral, son las consecuencias más graves en términos de humanidad, de un modelo social y económico insuficiente para nuestra ciudad. El paro, el atraso económico, la pobreza no son un fenómeno natural, ni una enfermedad sobrevenida, son consecuencia de aplicar políticas económicas y sociales que benefician a unos pocos, y perjudican a la inmensa mayoría. Es llamativo que una ciudad privilegiada como espacio físico, con una herencia cultural envidiable y única, de un amplio y profundo devenir histórico, haya sido incapaz de encontrar las claves para que el modelo social y económico beneficie a la inmensa mayoría y, por ende, nos convierta en un espacio de liderazgo económico, científico, y cultural.

Una de las razones de todo esto es que Granada es una ciudad con profundas desigualdades en los barrios. La diferencia en la esperanza media de vida entre algunos distritos es de diez años. Y esto está estrechamente ligado a las condiciones económicas y materiales en que se vive.

Por un lado, el centro y el sur, donde hace años que se producen casi todas las inversiones públicas concentrando cada vez más infraestructuras y servicios clave. Las políticas públicas refuerzan así la tendencia al desplazamiento hacia el sur de las rentas altas y la consiguiente acumulación de inversiones privadas en esta área privilegiada.

La pesada cruz de este proceso es el martirio progresivo al norte de la ciudad incluyendo el aislamiento histórico de la Chana y el abandono del Beiro tras la fusión hospitalaria. Y en el extremo, el distrito Norte lleva años siendo ignorado, y las administraciones aplican esporádicamente soluciones policiales a sus problemas, cuando velar por el estricto cumplimiento de la ley debe ser complementado con políticas sociales y de fomento del empleo.

Además, actualmente una de cada cuatro personas de la ciudad tiene más de 60 años; proporción que aumentará considerablemente en el futuro inmediato. Según el INE, para el año 2030, uno de cada tres personas de Granada tendrá más de 60 años; y una de cada 5 más de 70 años. Así pues, en nuestra ciudad conviven personas mayores y muy mayores, con jóvenes e infantes, junto con otras con alguna enfermedad crónica o alguna discapacidad, y son más frecuentemente mujeres. Entre todos estos grupos constituyen una mayoría. Todas estas personas, todos estos grupos, toda esta inmensa diversidad de las personas necesitan ser consideradas en nuestra ciudad, para poder garantizar su calidad de vida y su buena salud. La calidad de vida de las ciudades depende de manera fundamental de su adaptación a sus habitantes, y a sus necesidades. Diseñar y organizar una ciudad adaptada a todas estas personas es clave para nuestra salud y nuestro desarrollo.

Los servicios sociales municipales son uno de los pilares básicos para la igualdad y el desarrollo humano. Y a la vez, sus funciones y principios son los más vulnerables de las políticas municipales. Se están ahogando entre la insuficiente financiación del Gobierno de la Junta de Andalucía en su afán privatizador y de recortes; la desatención desde el presupuesto municipal, que lo fía todo a la financiación autonómica, y que hace que las entidades sociales no den abasto y a la falta de voluntad política que nos ha llevado a que, a día de hoy, el Ayuntamiento de Granada no disponga de un reglamento de Servicios Sociales.

Finalmente, la sociedad granadina se ha movilizado como nunca en contra de la llamada “fusión hospitalaria”. La fusión no era sino un diseño de brutal recorte de los servicios sanitarios para la ciudadanía granadina. Ciudadanía y profesionales han sabido entender el enorme perjuicio del proyecto de fusión: un proyecto impuesto a los profesionales, sin la calidad técnico-científica exigible en estos tiempos, y presentado de forma engañosa a la ciudadanía. Desde hace años, la inversión en salud del gobierno andaluz es de las menores de España, lo que se refleja en que los andaluces tengamos peores indicadores de salud que otros españoles. Desde el comienzo de la crisis, a esa situación crónica se le han añadido recortes en todo tipo de servicios sanitarios. Especialmente importantes, por su impacto en la población, son los recortes en los servicios de atención primaria, de urgencias, y de salud pública. Los recortes en estos servicios y dispositivos sanitarios impactan en nuestra salud. Y, sobre todo, impactan en las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad, como las miles y miles que padecen enfermedades crónicas relevantes o severas, o aquellas cuya salud se ha visto muy duramente afectada por las consecuencias de la crisis como el paro, los desahucios, o la pobreza sobrevenida.  

Cambio climático, contaminación, y movilidad.

Granada, es una ciudad al sur del sur. Las previsiones más actuales indican que los principales impactos del cambio climático se producirán en el sur de Europa. El aumento de las temperaturas medias, y el aumento de la frecuencia, intensidad, y duración de las olas de calor, y seguramente de otros fenómenos climáticos extremos, generará de forma directa e indirecta daños a la salud, y afectará negativamente a la calidad de vida en nuestra ciudad. Las personas mayores, las personas con enfermedades crónicas, la infancia, serán los grupos más afectados. Aumentarán los daños a la salud y la mortalidad. El cambio climático pues, constituirá uno de los mayores riesgos para la salud y la vida de las personas en nuestra ciudad. Y afectará a los habitantes, pero también a nuestros visitantes. Por eso, distintas instituciones prevén un efecto negativo sobre el turismo. En períodos de calor, una parte importante del turismo potencial, sobre todo el formado por personas en edades mayores o con enfermedades crónicas, nos evitarán. Además, otras ciudades en otros territorios, con efectos más discretos del cambio climático tomarán ventaja, porque el grado de adaptación y preparación de las ciudades al cambio climático será un factor considerable en el competitivo mercado del turismo mundial y continental.

A causa del tráfico, somos además la cuarta ciudad más contaminada de España, a pesar de no tener industria. Todos los días, en Granada se realizan 1.100.000 desplazamientos en el área metropolitana, 500.000 de ellos vinculados a la ciudad de Granada, 140.000 desplazamientos solo en la circunvalación. El 78% de estos desplazamientos se realizan en vehículo privado, solo un 10% en transporte colectivo como el autobús, y apenas un 2% en bicicleta.

Esto no ocurre porque tengamos ánimo de atascarnos cada día al volante, sino porque el área metropolitana funciona como una ciudad de más de medio millón de habitantes, pero no tenemos un sistema de transporte público de ese ámbito que nos permita prescindir del coche. Granada se quedó estancada con la LAC. Desconectó los barrios y aumentó los transbordos, y esto supuso un coste económico enorme, el de su implantación y el de la pérdida de viajeros.

Locomotoras económicas en una Granada sin tren:

Granada ha sido una ciudad históricamente maltratada en relación con las inversiones gubernamentales. El mejor ejemplo de todo esto está siendo el retraso en la puesta en funcionamiento de la Alta Velocidad, su trazado por el corredor malagueño, el muro que va a partir en dos nuestra ciudad y la desconexión ferroviaria de más de 900 días pese a tener una vía en perfecto estado para ser utilizada.

Por otro lado, una cuestión clave para una ciudad universitaria como la nuestra es el progresivo desmantelamiento del entramado de investigación granadino a través de los recortes en personal universitario o en personal del Centro Superior de Investigaciones Científicas que tenía en Granada una de sus principales ciudades de referencia. La oferta universitaria ha sido históricamente de una gran amplitud, variedad y calidad. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la UGR, desde 2011 a 2015 ha habido un descenso de aproximadamente 5.000 estudiantes a causa de la subida de las tasas de matrícula, la reducción del número de becas, la falta de apoyo económico familiar y de salidas profesionales y otros problemas derivados de la crisis. Si en algún momento queremos salir del furgón de cola y disminuir nuestras cifras de paro no será solo a través del turismo, si no mediante un nuevo modelo productivo basado entre otras cosas en el I+D+i.

Olvidando su potencial y su importancia en nuestro producto interior bruto, la cultura sigue siendo algo secundario para los diferentes gobiernos, pese a que el Ayuntamiento está tratando de esforzarse para remediarlo. Sin embargo, el Centro Lorca sigue vacío, el museo arqueológico sigue cerrado, y no hay previstas inversiones importantes en este sector por parte del ministerio y la consejería del ramo que de nuevo ha desarrollado proyectos de calado en otros lugares al mismo tiempo que abandonaba Granada.

El turismo es y continuará siendo durante bastante tiempo una de las principales industrias de Granada, aunque el modelo actual está basado en la precariedad laboral y en un turismo de masas vinculado al creciente interés por las ciudades en un contexto de crisis e inseguridad de otros destinos que antes competían con España.

Tal y como ocurre en otras capitales (París, Lisboa, Barcelona, Sevilla…), los barrios históricos están siendo ocupados por turistas alojados en apartamentos que tributan poco o nada, generan menos empleo y más precario si cabe, y además suben el precio de la vivienda haciéndola inaccesible para la mayoría tanto en el centro como en la periferia donde acuden ahora las familias desplazadas por este proceso. Las tiendas de barrio son sustituidas por franquicias y servicios para los turistas, los espacios públicos son ocupados por la hostelería y otros usos destinados al turismo, y los servicios públicos están desbordados. Todo ello genera serios problemas para quienes habitan y por tanto dan vida a la ciudad.

Respecto al comercio, se podrían estar perdiendo en el sector unos 17.000 puestos de trabajo con la apertura del Centro Comercial Nevada y es seguro que creará un número de empleos que no alcanzará los tres ceros. A pesar de todo esto, las sucesivas administraciones se han negado a reducir o bloquear el crecimiento de las grandes superficies al mismo tiempo que facilitaban el fin de la renta antigua o aplicaban impuestos de manera regresiva también al sector del comercio (los pequeños pagan mucho más en comparación con su volumen de negocio que los grandes, algo inaudito). Todo esto ha acentuado los efectos de la crisis sobre estos pequeños comercios favoreciendo la ocupación de las áreas urbanas comerciales y sobre todo del centro de la ciudad por parte de las mismas franquicias que mantienen una relación simbiótica con los centros comerciales.

Finalmente, nuestros recursos territoriales siguen abandonados a la espera de que las administraciones actúen sobre ellos para dinamizarlos adecuadamente. Hace casi 10 años que el Gobierno andaluz inició el Plan Especial de la Vega de Granada pero todavía no tenemos ningún documento de aprobación inicial. Hoy en día siguen actuando como Penélope, tejiendo a la luz del día y deshaciendo lo tejido con nocturnidad (y alevosía) en las oscuridades de los intereses partidarios y especulativos que esperan la muerte lenta de nuestra Vega y sus agricultores.

Corrupción, deuda, y mal gobierno.

El mal gobierno y la corrupción han generado una enorme deuda que pesa como una losa sobre nuestro Ayuntamiento. Sin embargo, quienes mandan en esta ciudad siguen apostando por las soluciones de siempre. El PSOE local, amparado por el ministro Montoro y con el apoyo del PP de Sebastián Pérez, han subido el IBI el 20% a la vez que siguen recortando en servicios necesarios para nuestro municipio.

Miércoles 13 de abril de 2016, el día en el que Granada entró en la triste lista de ciudades célebres por estar carcomidas por la corrupción. Ver a un alcalde y a una concejala de urbanismo entrar en un coche policial y asistir al registro de sus casas y de las dependencias municipales es una de esas imágenes que dejan helada a cualquier persona. Los ayuntamientos son la administración más cercana, y en ellos deposita la ciudadanía sus esperanzas de buen gobierno, por lo que la decepción en estos casos es enorme.

El urbanismo como disciplina nació para mejorar la calidad de vida de las grandes mayorías. Construir una discoteca cara en un espacio planificado para ser un parque infantil como ha ocurrido en el Caso Serrallo que ha llevado al alcalde a comisaría, es uno de esos paradigmas de un modelo urbano pensado para el lucro del 1% en perjuicio del 99% y, sobre todo, de los sectores más frágiles de nuestra sociedad, en este caso la infancia.

Favorecer a los amigos y benefactores del partido a través del expolio de lo público, representado en la “Operación Nazarí” por la ciudad y sus espacios libres, constituye una de las principales características de ese capitalismo de casino que nos ha inundado de deudas millonarias (300 millones de euros en Granada) aunque no hayamos apostado nunca en sus ruletas.

Las privatizaciones de multitud de servicios municipales en lugar de disminuir la deuda han servido para incrementarla y el actual gobierno del PSOE no ha variado un ápice este modelo de gestión. El caso del agua es el más flagrante, pues la privatización de EMASAGRA fue prorrogada 25 años, aunque el dinero que ingresó el Ayuntamiento no ha evitado la quiebra actual, con el agravante de que la multinacional francesa Suez recibe anualmente un beneficio mucho mayor al del Ayuntamiento.

Y finalmente, sin que nos hayamos recuperado todavía del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, ya sufrimos el crecimiento exponencial de una nueva burbuja, la del turismo, que está incidiendo directamente en el incremento del precio de la vivienda y que por sus características podría derivar de nuevo en un caldo de cultivo para la corrupción que ya hemos sufrido con la burbuja anterior.

Aunque los gobernantes no quieran darse por enterados, en una ciudad turística como Granada la nueva burbuja está siendo inflada con fuerza por la proliferación de alquileres turísticos (más de 3000), primero en el centro y ahora también en el resto de barrios. Quienes pretenden comprar o alquilar una vivienda en estos meses se están topando con esta realidad que amenaza con vaciar nuestra ciudad desplazando a la población cada vez más lejos. Y quienes quieren permanecer en sus hogares sufren el acoso inmobiliario e institucional o directamente el desahucio que ha vuelto a proliferar en toda el área metropolitana.

¿Qué propuestas podrían desarrollarse en el ámbito local para abordar estos problemas?

Introducción:

Para empezar, iniciar una auditoría ciudadana de la deuda heredada del PP (propuesta 1) para destapar toda la corrupción y al mismo tiempo activar unos presupuestos participativos (propuesta 2) son dos urgencias que no pueden esperar.

Junto con la renegociación de la deuda, es clave reducir gastos por ejemplo a través de una mejor gestión del patrimonio y de los alquileres municipales (propuesta 3). Es necesario seguir estrategias de ahorro energético (propuesta 4) aprobadas a propuesta de Vamos, Granada en el pleno municipal y replantear las contrataciones con grandes empresas que se podrían remunicipalizar (propuesta 5) ahorrando lo que se llevan lejos de Granada. ayuntamientos como el de Atarfe ya han recuperado la ayuda a domicilio, seguro que en la capital también se podría hacer.

Es necesario acabar con las malas prácticas en el urbanismo municipal, incluyendo una auditoría de esta área que han anunciado varias veces pero no han ejecutado. Para ello es fundamental también cambiar el modelo de ciudad incluyendo algunos proyectos estratégicos (propuesta 6) que vayan más allá del parcheado de los desaguisados heredados: Plan de choque contra el desempleo, Plan de remodelación del transporte público y la movilidad metropolitana, Reglamento de Servicios Sociales, Pacto por el turismo sostenible, Plan de fomento del comercio local, Plan de I+D+i Granadino, Plan de regeneración de ríos y espacios públicos, Plan energético municipal…

De entre todos ellos es urgente que activemos un Plan de Salud Municipal recuperemos nuestros dos hospitales completos y que se refuerce la atención primaria en Granada y los municipios cercanos que concentran la mayor cantidad de población de la provincia (propuesta 7).

Es fundamental que se recupere la conexión ferroviaria y se soterren las vías de entrada del ferrocarril a Granada, para no fracturar nuestra ciudad (propuesta 8).

Y, aunque se podrían destacar muchos otros, para que la Vega y los terrenos baldíos de Granada no sigan esperando a Godot y sus productos (mal)vendiéndose lejos, necesitamos construir un sistema agroalimentario local que incluya estructuras de producción, comercialización y consumo de cercanía (propuesta 10).

Salud, desempleo y desigualdad.

Nuestra ciudad necesita orientar los objetivos económicos y sociales a favor de la vida, a favor de la salud, a favor de la mayoría. Vivan en el barrio que vivan, todas las personas tienen derecho a vivir una vida igual de larga y saludable, un principio básico de las ciudades justas. En la ciudad que queremos, cada barrio es un centro, al que llegan iguales servicios, equipamientos, transporte público, cultura, y con las mismas oportunidades de acceso a vivienda y a empleo. Es urgente desarrollar un Plan de Salud Municipal, que debe incluir acciones específicas para nuestros barrios, empezando por la disminución de las desigualdades sociales, y continuando por la mejorar de la calidad ambiental de nuestra ciudad, la mejora de la alimentación de nuestra población recuperando dietas saludables con productos locales, y la promoción de la actividad física en lo que respecta a los desplazamientos cotidianos y al fomento del deporte.

Además, necesitamos superar el modelo asistencialista los servicios sociales que perpetúa la necesidad, y apostar por el desarrollo comunitario, que permite a las personas y los grupos humanos poner en valor sus capacidades para atender a las necesidades. La dotación de personal de forma estable, de presupuesto y de espacios, es la única declaración de intenciones creíble.

Cambio climático, contaminación, y movilidad.

Necesitamos reducir nuestras emisiones de CO2 y cuanto antes lo hagamos mejor. Una de las claves es recuperar la industria de las energías renovables a la que tanto daño han hecho los Gobiernos del PP obligando a que los desarrollos tecnológicos del sector testados en España se estén aprovechando principalmente en el extranjero.

En cualquier caso, sin subvenciones e incluso con las trabas impuestas, la energía renovable es rentable, así que debemos trazar estrategias de ahorro y autoproducción energética en el Ayuntamiento de Granada que reduzcan la enorme deuda municipal. Esto fue aprobado en una moción presentada por la concejala Marta Gutiérrez en noviembre de 2015, sin embargo, los Gobiernos municipales todavía no han hecho nada al respecto.

Además, nuestra ciudad necesita desarrollar e implantar mecanismos y sistemas que contribuyan a reducir las temperaturas y los efectos más adversos de este fenómeno global, y proteja la salud de las personas. Se necesita potenciar y utilizar de forma inteligente nuestras infraestructuras verdes, necesitamos desarrollar las cubiertas verdes (incluyendo la Vega) y los árboles que siempre destacaron en nuestra ciudad para facilitar la infiltración del agua en el suelo, y disminuir el carácter extremo de las temperaturas, sobre todo en verano.

Respecto a la movilidad, necesitamos urgentemente reducir la contaminación producida por los automóviles. La llegada del Metropolitano podría aliviar esta situación, pero también es necesario cambiar algunas paradas e intercambiadores, ampliar el propio Metropolitano, alargar las líneas de la LAC y adaptarlas mejor a la movilidad metropolitana, y finalmente, reordenar el tráfico para facilitar el tránsito peatonal, el uso de la bicicleta, y la intermodalidad con el propio Metropolitano y otros medios de transporte. Todo esto ayudará a que los tranvías se utilicen más y, sobre todo, conseguirá que la inversión sea más eficiente al facilitar la movilidad sostenible limitando los desplazamientos en automóvil privado.

En el caso de la bicicleta, no necesitamos un gran despliegue de infraestructuras para que su uso sea todavía mayor ya que en una ciudad media como la nuestra sería fácil desarrollar sencillos aparcamientos seguros (incluso en los parkings públicos) y limitar la velocidad máxima de los automóviles ampliando la zona 30 que ya tenemos en el centro (algo que no supone una disminución sensible de la velocidad media). Al mismo tiempo se podría generar una red de ciclocarriles dentro de la propia calzada señalando adecuadamente una sección reservada para las bicicletas en las grandes avenidas y los espacios en los que los automóviles deben tener un especial cuidado con quienes caminamos o montamos en bicicleta.

También es clave que haya una conexión adecuada con la red de carriles bicis que ya existe a nivel metropolitano y con su posible desarrollo a través de nuevas incorporaciones o con su vinculación con la extensa red de caminos históricos que hemos heredado en la Vega de Granada. De este modo podríamos evitar una parte importante de los desplazamientos de media distancia que provienen de la periferia, ya que la bicicleta es el medio ideal para este objetivo prioritario en nuestra ciudad-región.

Como complemento a estas medidas, la planificación territorial deberá cambiar también para que a medio plazo tengamos un modelo de ciudad que disminuya la necesidad de desplazarnos a grandes distancias para nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, fomentando la rehabilitación de vivienda asequible en los barrios, para que la gente pueda volver a vivir en Granada, pero también tenemos que tomar conciencia de que vivimos en la Gran Granada formada por la capital y el área metropolitana, una ciudad de más de medio millón de habitantes. Como ciudad única, necesitamos un transporte público cómodo y eficaz y potenciar los recorridos peatonales y ciclistas.

Locomotoras económicas en una Granada sin tren:

Es urgente un cambio de modelo productivo que considere la economía local como un bien a reproducir y no como un objeto de saldo para el mejor postor. De hecho, los récords de visitantes y de pernoctaciones no son suficientes para disminuir sensiblemente el paro en nuestra ciudad ni tampoco están mejorando las condiciones de quienes trabajan en la hostelería.

Es necesario identificar los sectores emergentes y apoyarlos de manera decidida, hay que revertir ya los recortes en los servicios públicos, tanto en nuestro sistema de I+D+i como los que lleva aparejados la fusión hospitalaria en el ámbito de la salud, y necesitamos administraciones valientes como el Ayuntamiento de Atarfe, que sean capaces de remunicipalizar servicios externalizados garantizando el empleo y reduciendo la precariedad laboral.

En definitiva, hace falta un plan de choque coordinado con todas las administraciones para acabar con el desempleo y evitar que las desigualdades se hagan eternas en Granada.

El turismo es y continuará siendo durante bastante tiempo una de las principales industrias de Granada. Sin embargo, para que el beneficio que dejan quienes nos visitan llegue a todo el territorio que los acoge, necesitamos un modelo turístico donde los sueldos y las condiciones laborales sean dignas, apostando por la calidad y por el desarrollo de nuestro potencial gastronómico, científico, cultural y patrimonial con valores territoriales que generarían sinergia entre el turismo y diferentes sectores económicos como el agrario, el científico-educativo, el sanitario y el cultural, entre otros.

También necesitamos ordenar las actividades turísticas alegales para hacer que paguen impuestos y salarios justos, y para limitarlas en las zonas saturadas, como el resto de alojamientos que sufren esta competencia desleal.

Proponemos una tasa turística para que quienes nos visitan paguen una parte sustancial de los servicios públicos que se han organizado específicamente para el turismo. Como siempre, quien más tenga, más deberá pagar, pero en este caso, además, quien menos impuestos pague (por ejemplo, los apartamentos turísticos) o quien más impactos negativos genere, también deberá asumir una tasa mayor.

Respecto al comercio local, es necesario imitar a las grandes cadenas de distribución y aprovechar las economías de escala a través de la cooperación, tal y como hace Coviran desde Granada. También se pueden seguir ejemplos de administraciones que han fomentado ferias, y estructuras de comercialización compartida. Y finalmente es fundamental el marketing compartido de productos locales como la marca Sabor Granada o de los comercios locales como las estrategias comunicativas innovadoras aplicadas por grandes empresas.

Ya es hora de que todas las Administraciones se pongan manos a la obra para mejorar nuestros barrios. El tejido comercial es una pieza fundamental de la calidad urbana, por lo que es urgente tomar medidas que faciliten la accesibilidad y el espacio peatonal, por ejemplo con lo que se ha llamado “centros comerciales abiertos”. Es necesario fomentar una ciudad con altos niveles de complejidad, donde se mezclen usos y funciones en el mismo espacio, es decir, necesitamos barrios donde encontremos fácilmente lugares de ocio, residencia, comercios y servicios públicos o privados, de tal manera que no debamos trasladarnos a largas distancias o a las grandes superficies para resolver nuestras necesidades cotidianas.

También se deben atender a la innovación empresarial, por ejemplo en el ámbito agroalimentario, a los mercados y fruterías de toda la vida que están volviendo a vender variedades locales hay que sumar las tiendas con productos ecológicos y de cercanía que se han expandido por todos los distritos de la capital y en algunos municipios del área metropolitana. Además existen varias experiencias que llevan los productos a domicilio o a un punto de reparto de forma directa a través de grupos de consumo o a través de organizaciones de comercialización online.

El Ecomercado de Granada, es el principal exponente de esta creciente economía local vinculada a la agroecología que es un floreciente nicho de empleo, aunque se necesita tierra para cultivar para lo que podrían servir muchos espacios públicos y otros suelos de propiedad privada o también pública que ahora mismo están abandonados. Las organizaciones sociales y vecinales llevan años solicitando espacios para desarrollar proyectos agrarios tanto para huertos de ocio como para huertos que pudieran ser utilizados por personas en desempleo que están dispuestas a trabajar la tierra.

Corrupción, deuda, y mal gobierno.

Granada puede y debe dejar hoy mismo las últimas posiciones en transparencia. Desarrollar procesos de participación ciudadana en tiempos de la revolución digital constituye una obligación ética de los gobiernos que además contribuirá a evita que volvamos a sufrir los niveles de corrupción de los últimos años.

Cambiar un modelo urbano que nos ha traído la crisis, por una propuesta de ciudades más humanas, es una urgencia para toda la población. La calidad urbana de Granada es el bien común sobre el que debería basarse nuestro futuro, evitando el estigma de la corrupción que nos ha dejado el gobierno del PP.

Una cantidad creciente de municipios están incidiendo en estas necesidades. A pesar de la enorme deuda y de las medidas del austericidio que los atenaza, están consiguiendo logros sustanciales, tanto de disminución de esta deuda simplemente evitando el derroche del régimen anterior, como de transformación de la realidad cotidiana en relación con los desahucios, los cortes de suministros, o la recuperación y mejora de los servicios públicos. Un buen ejemplo es Atarfe donde el Ayuntamiento ha conseguido remunicipalizar el Servicio de ayuda a domicilio a pesar de que la mala gestión y los casos de corrupción han dejado a este municipio en la ruina.

Frente al expolio de lo público, es necesario cuidar y dinamizar el patrimonio, evitando su abandono como ocurre actualmente con la Casa Agreda y por supuesto, acabando con la idea de que vender el patrimonio (ni caro ni barato) sea la mejor solución para la economía de una ciudad.

 

¿Cómo piensas que se puede construir un espacio que dé lugar a un cambio en el gobierno de nuestra ciudad?

Seguir el ejemplo de los gobiernos del cambio

En 2015 irrumpieron en el panorama político español cientos de candidaturas municipales que han cambiado nuestros ayuntamientos de arriba a abajo, o mejor dicho, de abajo a arriba. Contra todo pronóstico y por primera vez, la mayoría de las grandes ciudades de nuestro país no iban a ser gobernadas por el bipartidismo.

Ahora es un buen momento para hacer balance de aquellos lugares donde se produjo un cambio de gobierno. Lo primero que llama la atención es que no ha habido caos ni destrucción. Lo segundo que podría extrañarnos es que a pesar de la corrupción, el despilfarro, y el mal gobierno que habían predominado hasta este momento, no ha habido crisis de deuda, ni siquiera en casos como el de Atarfe, muy conocido por las obras faraónicas y el urbanismo de amiguetes del PSOE. Incluso la deuda que atenaza las políticas públicas se ha reducido en estos ayuntamientos porque la nueva política considera el derroche como un tipo de corrupción, y por otro factor clave: la capacidad de gestión de quienes están recuperando las instituciones para la gente.

Lo tercero que extraña a algunos es que la nueva política está comenzando a cambiar nuestros municipios. Por un lado haciendo frente a la emergencia social de los desahucios o los cortes de suministros, y por el otro mejorando la calidad de los servicios públicos, llegando a remunicipalizarlos como el servicio de ayuda a domicilio también en Atarfe, curiosamente. Pero no contentos con esto, se lanzan a desarrollar políticas de mejora urbana y generación de empleo a través de la agricultura urbana, intervienen regulando y limitando los alquileres turísticos, o deciden implantar modelos de movilidad sostenibles y adaptados a las necesidades de la mayoría.

Frente a esta realidad ayuntamientos de capitales como Madrid o municipios cercanos como Atarfe, constituyen el mejor ejemplo con el que contamos para cambiar el gobierno de Granada. Sus características principales constituyen una referencia muy útil para abordar con garantías dicho cambio. Candidaturas ciudadanas donde las siglas y las estructuras de los partidos se repliegan en favor de un proyecto de ciudad compartido con sectores amplios de la sociedad. Candidaturas locales donde se atienden las necesidades de las personas que habitan cada uno de los municipios que representan. Candidaturas en red que no piensan en la competencia entre localidades si no en la cooperación no jerárquica para mejorar la vida de la gente, primero en ámbitos cercanos (metropolitano, comarcal, provincial) y posteriormente en redes mucho más amplias donde los municipios toman un papel protagonista en el cambio político que necesitan Andalucía, España y Europa.

Por eso es fundamental que Granada decida y apueste por un gobierno del cambio. Este debe ser un proyecto compartido con la sociedad civil donde los partidos y organizaciones que quieran participar lo hagan renunciando a sus siglas y al control por parte de sus estructuras a partir del principio de una persona un voto como ocurre en las candidaturas ciudadanas del cambio. Además, en Granada debemos desarrollar un proyecto específico, que priorice las necesidades de este territorio y que evite el maltrato institucional y el abandono que hemos sufrido por la vieja política cuyos proyectos han estado siempre supeditados a los intereses personales de unos pocos y a las necesidades de otros territorios. Finalmente, es clave trabajar por una forma de cooperación no jerárquica con los municipios del área metropolitana de Granada con los que compartimos problemas y necesidades que obligatoriamente deben resolverse en este ámbito territorial, y plantearemos que las candidaturas que se creen puedan asociarse en red con otros proyectos análogos en el ámbito provincial, andaluz y estatal, pero manteniendo cada cual la esencia local que le da sentido y capacidad de intervención real sobre los problemas de la gente.

 

¿De qué manera Podemos Granada puede ser útil para favorecer este proceso?

Frente a la vieja política un gobierno para Granada y desde Granada.

Aunque no es la única responsable de esta situación, la vieja política granadina encaja en la definición de una administración de tipo colonial que siempre ha apostado por favorecer sus intereses personales o los de sus partidos frente a los de la ciudad. Si bien durante la dictadura el centralismo y el arribismo eran dos cualidades fundamentales de los políticos, la transición y la autonomía deberían haber supuesto cambios sustanciales al menos en el municipalismo incipiente como ocurrió con el Madrid del Profesor Tierno Galván.

 

Con la excepción de algunas actuaciones de los gobiernos de Jara, la vieja política ha seguido marcando nuestra subalternidad respecto a otros territorios empezando con el pecado original de aquella traición a Granada por parte del andalucismo sevillano que a cambio de gobernar brevemente la capital dejó a Arturo González Arcas sin la alcaldía que había ganado en las urnas.

 

Quizás hemos aprendido y por ello algo ha cambiado en los últimos años puesto que Granada fue uno de los lugares en los que el 15M arraigó con mayor fuerza y ahora la sociedad civil ha tomado la iniciativa consiguiendo por ejemplo recuperar nuestros dos hospitales completos.

 

Sin embargo, a diferencia de otros territorios de nuestro país, en Granada todavía no se han dado cambios institucionales importantes, con la excepción del municipio de Atarfe que había alcanzado cotas de corrupción inaguantables y que tenía un grupo reconocido de vecinos y vecinas con un proyecto de regeneración actualmente en curso.

 

La operación Nazarí da la puntilla a la vieja política y en Granada como en Atarfe o en Madrid se exigen cambios sustanciales que hasta ahora no se han producido. Las enormes energías ciudadanas que reclaman esos cambios y que han asumido un poder clave en nuestra ciudad van a ser determinantes en los próximos procesos electorales. Y todo ello a pesar de que la vieja política sufra la tentación de perder los papeles y actúe contra los líderes sociales, maree a los colectivos de la sociedad civil, o intervenga con trucos en candidaturas ciudadanas alternativas.

 

La vieja política es también centralista. El maltrato histórico a Granada se debe a que las decisiones que nos afectan las han negociado nuestros representantes en despachos lejanos de Sevilla, Madrid, o Bruselas. Hace tiempo que rechazamos esa vieja política y empezamos a confiar en la capacidad de nuestra gente para reclamar aquello que le corresponde. Cada día somos más conscientes de la fuerza nuestra ciudad para construir un proyecto común y soberano en el que Granada sea el centro y no la periferia como algunos pretenden. Esta realidad explica por qué algunas personas estamos participando activamente en la vida pública e incluso en la primera línea de la política granadina.

 

Como decía el genial José Luis Serrano, quienes participamos en la revolución pacífica de mayo de 2011 aspiramos a tocar cada uno de los siete cielos de la Torre de Comares. Y esto no significa alzarse sobre los demás solo gracias a la pureza de sangre. Básicamente −además de ser transparentes y ejemplares en las formas− es necesario demostrar la capacidad de gobernar mejor el destino de nuestra tierra.

Los desafíos a los que se enfrentan nuestras instituciones son enormes, no solo es necesario limpiarlas de corrupción, sino que es fundamental activarlas para mejorar la vida de la ciudadanía, generar empleo y reducir las desigualdades que se han acrecentado enormemente durante esta última crisis. Necesitamos una propuesta que sume a las mayorías sociales que sufren viendo cómo los Gobiernos nos fallan una y otra vez.

El cambio no es una cuestión estética ni una cuestión de identidades, es básicamente que las cosas se hagan mejor. En síntesis, lo que al otro lado del Atlántico han llamado el buen gobierno. En eso hemos estado, en eso estamos y eso proponemos.

Anexo:

Para que quede clara la adecuación de nuestras propuestas con las que rigen a Podemos en nuestro país, terminamos este texto con dos fragmentos del documento aprobado en Vistalegre II:

 

Empujar el cambio

“Uno de los grandes aciertos de Podemos fue romper tanto con la tendencia a refugiarse dentro de estrechos parámetros ideológicos como con el repliegue sobre las esencias identitarias. […] Superamos el clásico fetichismo de partido, inaugurando una etapa de politización social de masas capaz de conectar a una nueva mayoría social con un nuevo proyecto de país. […] Por ello, reducir ahora el espacio social del cambio político exclusivamente a Podemos resultaría contradictorio y contraproducente. Significaría realizar una lectura fragmentaria y sesgada de la pluralidad y diversidad de agentes sociales que empujan el cambio político, nos arrinconaría socialmente, y nos impediría seguir creciendo como fuerza política con vocación de gobierno. […] El camino se hace andando y, en este caso, cooperando con los movimientos sociales y los elementos organizados de la sociedad civil para reforzar el bloque político democrático capaz de impulsar una nueva institucionalidad”

Descentralización y autonomía organizativa

Expresarnos como una fuerza política de gobierno que defiende el «derecho a decidir» —tanto externa como internamente, pero sin asumir la lógica política de las «baronías»— ejemplifica el modelo de país y de Estado que defendemos. En este sentido, se comprenderá que son las Asambleas Ciudadanas Municipales y Autonómicas las que poseen un conocimiento más preciso y adecuado de las circunstancias y particularidades de sus territorios. En consecuencia, son ellas las que deben decidir las estrategias y las fórmulas de confluencia social o alianzas programáticas adecuadas para concurrir a los diferentes procesos electorales en 2019.